No somos más que buscadores de aprobación ajena

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Cada vez que alguien me hace saber que ha leído alguno de mis libros, le pregunto; “¿y qué te ha parecido?”, a la espera de que me dé su aprobación. Cuando publico contenido en Facebook, ya sean artículos, reportajes, notificaciones o fotos, por mucho que la intención inicial sea promocionar mi trabajo, con el transcurrir de las horas, siempre hay algo que me impulsa a visitar de nuevo esas publicaciones. Casi de manera inconsciente, e inevitable, estoy yendo a la búsqueda de aprobación ajena: “A ver cuántos likes tengo. A ver qué han comentado…”. Sin ir más lejos, este mismo artículo, podría ser un perfecto buscador de aprobación ajena.

La mente, está siempre evaluando, analizando y preocupándose. Analizamos constantemente lo que los demás piensan y esperan de nosotros. Ese deseo habitual de aprobación, normalmente, fija nuestra atención en los demás (Micki Fine. 2015. Pág 129), y las redes sociales son un enorme espejo de cuan buscadores de aprobación ajena somos. Por mucho que lo neguemos, en mayor o menor medida, a todos nos pone que nos digan cosas bonitas. Procuramos sacar el máximo partido de las experiencias agradables, que en este caso concreto se traducen en “¡cuantos más likes mejor!” o se materializan con un comentario animoso del colega; “me ha encantado el libro tío”. Pero, mucho cuidado, ya que esta evaluación y juicio constantes pueden dificultar que nos sintamos satisfechos con la vida tal cual es  (Micki Fine. 2015. Pág 113). Las redes sociales son un arma de doble filo. Parecen reflejo de bienestar y riqueza emocional, pero apuesto lo que sea a que no son, ni de lejos, fiel testigo de la realidad. Me gustaría saber la historia verdadera que se esconde tras ese espejo de “felicidad” que millones de usuarios nos venden en Facebook… Como en una buena película de David Lynch, no es oro todo lo que reluce.

Muchas conductas de búsqueda de aprobación ajena están teñidas o impregnadas de ansiedad. Aunque esas conductas individuales no son en sí muy preocupantes, cuando se convierten en un patrón pueden ocasionar un sufrimiento inmenso (Micki Fine. 2015. Pág 70). Muchos buscadores de aprobación curtidos han hecho cosas ilegales, contra su conciencia o impropias de su carácter, todo en un esfuerzo para conseguir que los demás los quisieran y aprobaran (Micki Fine. 2015. Pág 71). ¡Mucho ojo¡ Porque cuando no sentimos aceptación, intentamos anular las emociones dolorosas, desviando la atención hacia cosas como ver televisión, comer, beber alcohol o navegar por Internet. Y esto nos da pie a hablar de cómo nos afectan las críticas.

A veces, estamos totalmente convencidos de que las cosas son de una determinada manera, cuando en realidad no son así en absoluto. Hacemos interpretaciones basadas en un discurso que se desarrolla en la mente, que actúa en la trastienda y nos informa sobre cómo nos sentimos y lo que hacemos, como el sistema operativo de un ordenador. ¡Al igual estamos en Matrix, aunque la realidad sea otra! Estas interpretaciones se ven influenciadas por nuestros sentimientos y estados de ánimo (Micki Fine. 2015. Pág 116). ¿Y cómo gestionamos los juicios negativos de los demás? Pues habitualmente mal. Está más que demostrado que solo queremos leer u oír aquello que nos da la razón o habla bien de nosotros. ¿Y si no es así? En ese caso, solemos combatir los sentimientos de manera tan refleja que automáticamente los negamos (Micki Fine. 2015. Pág 139).

Nos quejamos de que otros nos ofenden en lugar de centrarnos en cómo nos hace sentir esa ofensa. Sin embargo, si prestamos atención a nuestras emociones, y reconocemos la sabiduría que transfieren, podemos cultivar una actitud bondadosa y de aceptación hacia ellas (Micki Fine. 2015. Pág 142). Siempre que sean constructivas, con buenas palabras, y expresadas con educación, debemos aprender de las críticas. Si nos produce ansiedad la opinión que le merecemos a cierta persona y no la percibimos conscientemente, somos prisioneros de ella. Detectar esa ansiedad nos puede ayudar a distanciarnos del dramatismo del momento y reconocer lo que está pasando (Micki Fine. 2015. Pág 143). Generalmente, no somos conscientes de nuestras suposiciones y somos, por tanto, incapaces de cuestionarlas o de cuestionar el hecho de que creemos que son correctas. Reaccionamos sencillamente como si fueran ciertas (Micki Fine. 2015. Pág 117).

Está bien utilizar las redes sociales para retroalimentar nuestro ego, pero si nos centramos únicamente en los demás, es probable que perdamos la conexión con nuestro yo interior. De ese modo, es posible que no sepamos lo que queremos o, de saberlo, quizá no seamos capaces de defenderlo (Micki Fine. 2015. Pág 75). Nuestros hábitos de búsqueda de aprobación ajena nacen de una honda intención de ayudarnos a nosotros mismos a ser felices y libres (Micki Fine. 2015. Pág 129). No creo que haya nada de malo en ser buscadores de aprobación ajena, pero, si no la encontramos, seamos lo suficientemente maduros como para afrontarlo.

Ivan Allué

Fuente: Fine, Micki. La Necesidad De Complacer. Ed: Urano. Barcelona 2015
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