“Calígula”

Calígula_poster

¿Pornografía barata u obra de culto?

Seguro que más de uno/a habréis oído hablar de Calígula, el emperador romano que ocupó el trono de Roma del 37 d.C. hasta el 41 d.C. Este personaje histórico transformará el principado augustiano en una monarquía teocrática de carácter helenístico-oriental, pero lo que queda de él para la posteridad serán sus crueles métodos para ocupar el trono y su afición por todo tipo de orgías, humillaciones y vejaciones sanguinarias. Estamos en la época Imperial. El Imperio romano duró unos quinientos años, desde el 31 a.C. al 475 d.C. Algunos de los emperadores serán tipos muy raros, personajes extremadamente excéntricos que pasarán a la posteridad por sus increíbles ocurrencias, empezando por Cayo César Germánico, más conocido como Calígula, sobrenombre que viene de caliga (sandalia militar).

Calígula_DrusilaPenthouse, la famosa revista para adultos, propiedad del magnate Bob Guccione, llevó al cine una particular adaptación de la vida de Calígula en 1979. Calígula (1979 – Tinto Brass/Bob Guccione/Giancarlo Lui), fue un desastre de taquilla, suscitó críticas para todos los gustos, y quedó como un hito del cine erótico/pornográfico más que del histórico. Malcolm McDowell aparece como Calígula, sobrino e hijo adoptivo del emperador Tiberio (Peter O’Toole), Claudio es representado por Giancarlo Badessi, la cautivante y paciente Helen Mirren es Cesonia, la esposa que Calígula elige a dedo, Teresa Ann Savoy interpreta a Drusila, el verdadero amor de Calígula y hermana de éste, y John Gielgud, que ya lo habíamos visto en la piel de Cassio, en Julio César (1953 – Joseph L. Mankiewicz), y en la de Julio César, en El Asesinato De Julio César (1970 – Stuart Burge), regresa al cine de romanos, esta vez como Nerva, el amigo íntimo de Tiberio, que simboliza el pasado de Roma y los ideales puros de la antigua República, en los que Tiberio creyó pero que desechó por egoísmo y ambición de poder.

El guion es de Gore Vidal, autor de grandes novelas históricas como Juliano El Apóstata (1964), Creación (1981) o Lincoln (1984), pero al ver que Bob Guccione manipuló y retocó el metraje que había filmado Brass, intercalando escenas pornográficas en medio de las escenas originales, no quiso saber nada del film. Así pues, Calígula es una adaptación del guion original de Vidal, con Tinto Brass a la dirección principal y un Guccione que, junto a Giancarlo Lui, asumió el montaje final de la película. De hecho, en los créditos iniciales, se puede reparar fácilmente en que la película no la dirige propiamente nadie. Se dice que la fotografía principal es de Tinto Brass y que las escenas adicionales han sido fotografiadas y dirigidas por Bob Guccione y Giancarlo Lui.

Calígula_decoradoCalígula, narra el ascenso y caída del excéntrico emperador romano. En la película, veremos que éste viaja a Capri, donde un moribundo Tiberio ha creado su bizarro refugio de placer; tétrico, oscuro y con todo tipo de seres deformes. Con la ayuda de Macro (Guido Mannari), pues Calígula no se atreve finalmente a asesinarle, da muerte a Tiberio y consigue el poder. Empieza el reinado de la locura, con asesinatos y violaciones varias. Más adelante, la muerte de su hermana Drusila precipitará a Calígula a la desesperación total. Cegado por el poder y el deseo, su gobierno se torna, todavía más, un circo de excentricidades. Harto de tanto desenfreno, Querea (Paolo Bonacelli) se pondrá al frente de la conspiración que en el año 41 d.C. dio muerte a Calígula, a su mujer y a su hija.

Las imágenes grotescas, sexuales bizarras y sangrientas no dejan indiferente a nadie. Dan muestra de la Roma pagana, en la que se vivía al límite, sin pudor, sin puritanismos… y donde se gozaba de la carne, del vino y de la sangre. Asimismo, los magnánimos banquetes romanos se recrean fielmente en el film; caso de la boda de Próculo (Donato Placido). Por otro lado, causa simpatía el hecho de que Calígula rara vez ataca al pueblo: sus ataques y humillaciones van dirigidos a la oligarquía romana, a la que odiaba y a la que se enfrentó con todas las consecuencias. En este sentido, tenemos como ejemplo la secuencia en que prostituye a las esposas de los senadores.

Todavía hoy, Calígula es una película escandalosa, tal vez una de las más controvertidas de la historia del cine. Tiene mucho de bufonada, de comedia grotesca y llevada al límite, pero, a su vez, es indudable la belleza de algunas de sus escenas, la buena labor de los actores, las coreografías que interpretan, la excelente música de Paul Clemente, el cuidado diseño de producción, o la interesante reflexión sobre la corrupción del poder, la fuerza del amor, el poder absoluto y la vida eterna que propone la cinta. Visualmente, el film es muy atrayente, con esos inmensos decorados, puramente teatrales, que recrean el lujo y el exceso de la Roma Imperial, en planos muy abiertos, destacando los pomposos vestuarios que lucen los actores. Aspectos que la convierten en obra de culto.

Calígula_vaginaSe hicieron dos versiones de Calígula, la versión menos explícita, para que el film pudiera ser proyectado en cines convencionales, y la versión sin censura, calificada X. De ésta última, es conocida la famosa escena Imperial Bordello (Burdel Imperial), con felaciones varias y eyaculación en la boca incluidas, la orgia en Capri, y el dúo lésbico de las dos “Chicas Penthouse”,  Lori Wagner (Agripina) y Anneka Di Lorenzo (Mesalina). La gran segadora de cabezas y la fiesta del parto de Cesonia, son también dignas de recordar.

Según los estudiosos, la vida de Calígula puede resultar algo distorsionada respecto a la realidad, cosa que hoy hace difícil tener una visión objetiva del personaje y las circunstancias en que se movió. De todos modos, sea parte realidad o leyenda, la vida de Calígula resulta una genial excusa para llevar a este caricaturesco emperador romano a la gran pantalla, de la mano de uno de los maestros del erotismo como es Tinto Brass. Más que pornografía gratuita, Calígula es una obra de culto. Rotundamente. Una de esas rara avis que el celuloide nos ha regalado y que, treinta y siete años después, sigue dando de qué hablar. Actores como Malcolm McDowell, Peter O’Toole o Helen Mirren, compartiendo pantalla con actrices del cine pornográfico, puede resultar poco más que un experimento de mal gusto, pero lo cierto es que, dejando al margen el morbo que puedan suscitar las escenas de sexo explícito, la película es altamente atractiva.

Ivan Allué

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