Soy músico, ¡págame!

Habréis observado que, en los últimos tiempos, corren por ahí carteles, tipo el que podéis ver un poco más abajo, subrayando la importancia de no tocar gratis, “porque has invertido tu tiempo y dinero en aprender a tocar, porque debes contribuir a que se valore la música, porque quitas trabajo a los profesionales”, bla, bla, bla. ¿En serio? Digo yo: ¿Alguien te ha puesto la pistola en la sien para que aprendas a tocar una guitarra y te montes un grupo?
Como decía un divertido artículo, firmado por Themetalcircus.com (que podéis leer aquí), tener un grupo no es una cuestión inevitable ni absolutamente necesaria para vivir. “Es un vehículo de expresión artística, sí, pero no algo ‘impepinable’. Por tanto, podríamos encuadrarlo bajo el epígrafe de ‘Hobbies y Caprichos’. Esas cosas valen dinero, tanto si te dedicas a construir miniaturas de barcos, a coleccionar sellos o a tunear tu coche. Vale pasta y nadie te la debe: te la gastas porque quieres. Si queréis hacer bien las cosas, tenéis que invertir pasta: para grabar, para girar, para promocionaros, para tocar, para vestir adecuadamente, para tener un buen logo y una buena portada… si en algún momento gastos e ingresos se equilibran, dad gracias al altísimo”. Una gran verdad. Dicho esto, no creo que el victimismo que se esconde tras esos carteles haga ningún favor a la escena. Así que, de ningún modo, debemos tomarnos al pie de la letra esas “reivindicaciones”. Cualquier persona, con algo de sensatez, será capaz de interpretar su contenido, llegando a la conclusión de que algunas de las abogacías que en él se incluyen caen por su propio peso.
Está muy feo copiar. Cítame amigo.

Como tantas otras sandeces que se cuelgan en Facebook, el famoso cartelito apareció en mi muro cierto día, y lo primero que se me ocurrió fue escribir “el debate está servido”, esperando que alguien dijera la suya. John, no tardó en picar el “anzuelo”, manifestando que no hay debate aquí que valga, que un músico, aunque lo haga por diversión, está efectuando un trabajo, y como todos los trabajos debería ser remunerado. “No hacerlo es explotación laboral, ni más ni menos. El del bar que te da la ‘oportunidad’ de tocar en su garito, para que le lleves a todos los colegas a beberse hasta el agua de los floreros, por supuesto que paga a la Coca-Cola, al de la Mahou, al que le distribuye el alcohol, o al del Makro, cuando va a comprar botellas… eso sí, al músico no. Mejor le damos la oportunidad de currar gratis. Y no nos olvidemos que en un concierto, los músicos son los que mueven a la gente para ir a la sala (clarísimo en los casos donde salas de discoteca programan conciertos entre las 21 y las 23:30 horas, horas perdidas donde los bakalas no irían y tendrían la sala vacía, para hacer caja). Triste que sean los únicos que muchas veces no cobran. Algunos, hace años, nos rebelamos ya contra eso”.

Continuando con el debate, volví a contestar, dando mi punto de vista al respecto: “Te entiendo John… Pero sigo pensando que sí hay debate. Interesantísimo además. Sin ánimo de polemizar eh. Yo digo: Si eres músico y efectúas un trabajo, entonces, se supone que estás dado de alta como tal, pagas tu seguridad social… El término ‘laboral’ implica, efectivamente, trabajo, en su aspecto económico, pero también jurídico y social. Si generas interés del público, adelante, pide un dinero al promotor, sala o bareto. ¿Pero si no? Aunque lleves ‘mil’ años tocando, si no generas público, no podrás pagar tus autónomos… Con lo cual, ¿estás trabajando? Puedes usar esas actuaciones como promoción o simple diversión, porque sigues siendo amateur. ¿No? Si lo haces como hobby, y a pesar de eso llenas la sala, supongo que previamente habrás acordado algo con el dueño. Que el dueño lo cumpla o no ya es otra historia...”.

Si eres músico...John, indudablemente, daba su punto de vista centrándose en el tercer punto del cartel de “si eres amateur” (el apartado “si eres profesional” lo daremos por obviado), el referente a que te ofrecen una “oportunidad” cuando en realidad se aprovechan de tu esfuerzo. Seguramente, John lo ha vivido en propias carnes, y es una opinión más que respetable, pero mi intención era ir un poco más allá, ciñéndome, sobre todo, a los dos primeros puntos, ya que no estoy de acuerdo para nada. Frederic Samarra, por su parte, habla, en otro artículo (que podéis leer aquí), con aire nostálgico, sobre lo mucho que costaba, hace quince años, montar una banda de heavy en Reus (Tarragona) y tocar en directo. Como ejemplo, cita una “aventura” con su grupo, yendo a tocar a la sala “Utopía” de Zaragoza, en un tren “infernal”. Al acabar el concierto, pasaron la gorra, recaudando unas 500 pesetas (3€) por cabeza. Ese fue su “sueldo”, sumado a la ilusión que les proporcionó poder tocar fuera de Catalunya.

Frederic, forma parte de la junta de la entidad sin ánimo de lucro “Terrabastall” y es co-organizador del festival que lleva el mismo nombre. Su propia experiencia, le ha llevado a reflexionar sobre algo que sucede en ocasiones: “... veo un comportamiento de ciertas bandas, o individuos que forman parte de ellas, que se me escapa. Hace unos años, habríamos flipado por poder tocar en un festival en Reus (en un escenario de verdad). En cambio, los hay que acaban de formar una banda y ya están exigiendo lo que consideran ‘básico e imprescindible’, sin plantearse siquiera la ‘pasta’ que cuesta ponerlos encima del escenario. No sabéis la suerte que tenéis de tocar, hoy en día, cuando casi cada fin de semana hay un concierto en nuestra zona. ¿Pero qué nos está pasando? ¿Vale la pena gastar fuerzas y energía poniéndonos palos en las ruedas los unos a los otros? Por favor, más humildad y respeto mutuo”.

El artículo, me suscita una pregunta obligada: ¿Debemos exigir un caché cuando somos una banda que empieza y no conoce ni Dios? Según el cartel, ser músico me hace merecedor de un sueldo, ¿no? Yo, opino que ponerse un caché, cuando lo máximo que vas a meter en una sala son “cuatro” colegas y “cinco” familiares, es pecar de prepotencia. ¿Si no generas público, cómo tienes la jeta de pedir un dinero por tocar? Como decía Frederic arriba, más humildad y respeto mutuo. Cualquier banda que comienza, ha de tener clarísimas sus limitaciones y aspiraciones. Si va en serio, más que cobrar, ha de invertir dinero en darse a conocer. Eso implica grabar un disco en condiciones y presentarlo con una portada decente, para que, en algunos casos, una discográfica te cobre por distribuirlo y promocionarlo, alquilar salas para tocar, anunciarse en medios, previo pago, con entrevistas o publicidad (sí amigos, no todos los medios conceden entrevistas por amor al arte. Los que tienen mayor popularidad, y podéis imaginaros quién son, cobran por ponerte en sus páginas y darte a conocer), etc. Como todo en la vida, con dinero por delante se puede llegar lejos, eso no lo he inventado yo. Por supuesto, si tú pactas unas condiciones con el dueño del garito de tu barrio y luego no las cumple, es su culpa. Aseguraos siempre de que esos tratos consten en algún sitio por escrito, aunque sea una servilleta de papel. Trifulcas entre dueños y bandas hay para escribir un libro.

En conclusión, para nada debemos promulgar la idea de que los músicos merecen cobrar porque “como he invertido mi tiempo y dinero en aprender a tocar, no debo tocar gratis”. Todos sabemos que hay gente, de diversos ámbitos, que también ha invertido dinero y años de su vida en sacar adelante una carrera y, desgraciadamente, está en el paro. Por supuesto, nadie ha obligado a nadie a estudiar una carrera universitaria o un máster, así que no les queda otro remedio que seguir adelante a base de enviar currículums y promocionarse. Si un día consiguen un contrato, tendrán que demostrar sus aptitudes para seguir ganándose las lentejas. No les van a pagar por un diploma en la pared o por los años que se tiraron estudiando, lo harán por demostrar lo que han aprendido y aplicarlo correctamente. En el caso del músico, esas aptitudes se traducen en poder de convocatoria, al margen de si toca bien o toca mal, o si se gana la vida como músico de estudio u otros menesteres que no tienen que ver con el directo en sí. Si la banda a la que pertenece, tiene la gran suerte de gustar al personal, vender discos y llenar salas, ya tendrá tiempo de ir de “sobrao”, pero, hasta que eso no suceda, creo que no está de más darse una cura de humildad y utilizar las actuaciones con el propósito de darse a conocer o, que carajo, ¡para pasar un buen rato sin más! ¡No sabéis lo que mola tocar en directo! ¡Qué manía con mercantilizarlo todo! Dedicaos a ensayar y a componer buena música, que el resto ya llegará. Y si no llega, pues, al menos, habréis pasado muy buenos momentos intentándolo. Es lo que pienso, vamos.

Publicado por Ivan Allué en Metalcry.com

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