“Carretera Perdida”

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Juntamente con el escritor Barry Gifford, David Lynch escribió el guión de “Carretera Perdida” (1996), una película realmente fascinante, en la que el director no pone las cosas fáciles al público. Es una película, como la gran mayoría de sus filmes, que exige la total inmersión y atención por parte del espectador. Cada diálogo, cada plano, cada escena… cuenta a la hora de poder interpretar la obra, y, cómo no, igual de importante es saber desde qué punto de vista está transcurriendo la acción. Eso es clave en “Carretera Perdida”. En ese sentido, una de las frases fundamentales, en los compases iniciales, es “Me gusta recordar las cosas a mi manera. No exactamente cómo ocurrieron”, que Fred Madison (Bill Pullman) deja caer al ser interrogado por la pareja de policías que él mismo y su esposa, Renee Madison (Patricia Arquette), han hecho venir, al encontrar unas extrañas cintas de vídeo, en las escaleras de casa, con grabaciones anónimas de su propio domicilio. Sin duda, como decía, ahí está una de las claves para entender el resto de la película. Sabiendo que todo está visto bajo el punto de vista de Fred Madison, “Carretera Perdida” se hace mucho más disfrutable.

Si nos alejamos de toda complejidad, veremos que el tema de “Carretera Perdida” no es otro que el problema que los celos representan en una relación de pareja, dicho sea de paso, abocada al fracaso. Unos celos, hasta el culmen, enfermizos, que sumergen al protagonista, Fred Madison, en una serie de pesadillas de lo más bizarras. El grado de enajenación mental será tal, que Fred llegará a asesinar a su mujer y a un magnate del cine porno, el famoso Dick Laurent (Robert Loggia), ya que este tuvo una relación con ella, tiempo atrás, que parece perdurar. De ahí, que la primera frase que escuchamos en el film, ”Dick Laurent está muerto”, también tenga mucho peso en el devenir de “Carretera Perdida”.

LostHighway_portadaLa verdad es que esa es la grandeza de “Carretera Perdida”: cómo el director y guionista juega con la psique de Fred. Un Fred que, una vez encarcelado y condenado a la silla eléctrica, exprime tanto su mente que es capaz de mutar en el cuerpo de Pete Dayton (Balthazar Getty), quizás basado en un personaje que le hubiera gustado ser a Fred en otra vida. Ese, es el momento surrealista del film, pero Lynch se encarga bien de justificarlo con una frase del carcelero que dice “parece una cosa de espíritus”, con lo cual, no debemos darle más vueltas al asunto, ¡es la magia del cine! Lynch, transcurridos tres cuartos de hora de metraje, decide mostrarnos el lado más salvaje y sexual de Renee (probablemente llevado al extremo, en la mente del marido, por culpa los celos), desde el punto de vista de Pete, uno de los mejores mecánicos del taller de Arnie (impresionantemente cameado por Richard Pryor).

El personaje de Patricia Arquette, ahora se llama Alice Wakefield, es rubia, y tras aceptar un “trabajo” encargado por Andy (Michael Massee), también amante de Renee, parece ser que se anima a hacer sus pinitos en el cine porno. Realmente, ese enfoque me parece sensacional. Es una visión onírica y muy masculina. En la mente de Fred, que ahora es Pete, se entreteje el morbo de ver a su esposa penetrada por un musculoso hombre de color, siendo la protagonista de las más tórridas escenas (en las que aparecen hasta Twiggy Ramírez y Marilyn Manson), con el cólera que le produce la infidelidad de Renee. En su mente, la casa de Andy se convierte en el pasillo del hotel “Carretera Perdida”, donde Dick Laurent se acostaba con ella. Precisamente, es en la habitación nº 26, donde Fred captura a Dick, para después matarlo.

En cierto modo, llegada la transformación, llegada también una nueva película. De hecho, “Carretera Perdida” puede ser dos películas en una. Tanto narrativa como estilísticamente, todo cambia a partir del minuto cuarenta y cinco, aproximadamente. En este segundo tramo, debemos tener claro que la Patricia Arquette rubia no existe más que en la mente de Fred (el cuadro con la foto de ella, en medio de Dick Laurent y Andy, es muy significativa). Una explosiva Alice que parece salir en pantalla para echar por los suelos la nueva e idílica vida que se había montado Fred en su cabeza. Aquí, podemos interpretar que Lynch nos acerca al pasado de Rene en tiempo real, ya sea desde un cierto punto de vista “verdadero”, ya que puede ser que así vea el protagonista en su mente los primeros esbozos de su relación con la que más adelante sería su esposa, o simplemente se lo está imaginando como una visión irreal de la juventud que Fred hubiera querido tener.

Así es como “Carretera Perdida” se pasea por los recovecos de la mente humana, que en este caso puede estar simbolizada con la caseta en llamas, donde habita el extraño y pálido personaje que se le aparece al protagonista de vez en cuando (interpretado por Robert Blake a la perfección). Precisamente, cuando Alice conduce a Pete hasta la cabaña, el personaje vuelve a mutar en Fred, cuando oye decir a la rubia “Nunca me tendrás”. Definitivamente, es en ese punto cuando el sueño idílico se ha desmoronado, y Alice desaparece dentro de la cabaña. Es justamente en la representación de ese pálido personaje de negro donde vemos la realidad sin manipular. Si os fijáis, cuando Fred huye con el coche, el hombre lo graba con la cámara. Es un espectador claramente objetivo, con lo cual, todas las grabaciones que hemos podido ver de la casa de los Madison, incluida la del homicidio, son la pura realidad del protagonista.

Finalmente, Fred deja el mensaje de que Dick Laurent está muerto en su propio interfono, con lo cual, la película volvería a comenzar. Es un bucle. Un problema que siempre perseguirá a Fred, y cuyo resultado siempre será el mismo: es un asesino y no hay marcha atrás. Tal vez por eso lo de “Carretera Perdida”: un viaje eterno.

Como siempre que analizo una película de la que me considero seguidor, no puedo despedirme sin antes echarle un vistazo a su B.S.O, realizada por el colaborador habitual de Lynch, Angelo Badalamenti, y con grupos como Nine Inch Nails, Rammstein, Marilyn Manson, Smashing Pumpkins o David Bowie, que ayudan a acrecentar la atmósfera sórdida de ciertas escenas. Sin ir más lejos, las secuencias en las que aparece la música de Rammstein ponen los pelos de punta, gracias sobre todo a esa grave voz de Till Lindemann. Como curiosidad, deciros que los propios Rammstein confesaron en una entrevista para Sputnik (TV3), que gracias a los dos temas que aportaron para “Carretera Perdida” se hicieron mundialmente famosos.

Espero que mi análisis pueda ayudar a entender mejor una película compleja como ésta. Una obra, cuya gracia recae en las múltiples y diversas interpretaciones que cada cual le pueda dar. Construida sin obedecer a la estructura típica que determina el avance de una narración: la introducción, el nudo y el desenlace, y estructurada para que todos los puntos de vista del espectador sean bienvenidos. ¿Realmente Renee fue infiel o es la enfermiza mente de Fred que lo imaginó todo? ¿Quién nos dice que Pete no fue Fred en otra vida? ¿Existe la reencarnación? Carretera Perdida significa complejos, deseos, frustraciones, pasiones, miedos, traumas…  Esa es la grandeza del largometraje, que David Lynch nos abre los ojos a millones de posibilidades, para que nosotros la interpretemos a nuestro modo, según nuestros conocimientos y experiencias. En definitiva, lo que muchos buscamos en el buen cine: que nos haga pensar.

Ivan Allué

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3 comentarios en ““Carretera Perdida”

  1. Vista a la luz de “Mulholland Drive” e “Inland empire”, seguramente las sensaciones que deja “Carretera perdida” se han normalizado mucho. Pero todavía recuerdo la experiencia de verla en cine en el año 97, reciente el recuerdo de “Twin Peaks” (serie) y desconociendo TP película. Ufff, era un desconcierto libre y salvaje pero fascinante.

    • Claro está que el contexto y la época influyen en el visionado de cualquier obra. Con el legado que nos ha dejado Lynch después (la verdad es que la primera vez que ves “Inland Empire” te quedas con cara de poker también), es cierto que “Carretera Perdida” se hace más “accesible”, por decirlo así.
      ¡Un saludo!
      Ivan

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