¿Hay relación entre música y pintura?

kandinsky

Según Wassily Kandinsky, el pintor ruso precursor de la abstracción en la pintura, sí. Por eso escribió un manuscrito, que luego se transformó en libro, llamado “Lo Espiritual En El Arte“, y terminado allá por el 1910. En él, habla sobre la belleza cromática en el cuadro, que, según Kandinsky, ha de atraer con gran fuerza al espectador y al mismo tiempo ha de esconder su contenido pictórico profundo, o séase, las emociones del artista expresadas pictóricamente, prácticamente a modo de partitura musical. Eso es lo que más me sorprendió de “Lo Espiritual En El Arte“: la relación que el autor encuentra entre la pintura y la música. Algo sin desperdicio. Muy interesante.

Como bien dice el pintor, y es algo que podría extrapolarse a cualquier expresión artística (música, cine, literatura…), toda obra de arte es hija de su tiempo, muchas veces es madre de nuestros sentimientos… Y he aquí a lo que me refería en el anterior parágrafo, cuando Kandinsky añade que la enseñanza más rica nos la da la música, ya que es el arte que desde hace más siglos utiliza sus medios para expresar la vida interior del artista y crear una vida propia con tonos musicales. De ella proceden la búsqueda del ritmo y la construcción matemática abstracta de la pintura. Cuando se alcanza un alto grado de desarrollo de la sensibilidad, los objetos y los seres adquieren un valor interior, y finalmente un sonido interior. Lo mismo sucede con el color, los claros atraen el ojo con intensidad y fuerza, y es mayor aún en los colores cálidos y claros, provocando un efecto psicológico y una vibración anímica.

El arte actúa sobre la sensibilidad y, por tanto, sólo puede actuar a través de ella. El sonido musical tiene acceso directo al alma. Inmediatamente encuentra en ella una resonancia, porque el hombre “lleva la música en sí mismo” (Goethe). Esto puede explicar el profundo parentesco entre la música y la pintura. Más aún cuando, a través de “Lo Espiritual En El Arte“, Kandinsky propone una representación musical de los colores. El azul claro equivale a la flauta, el azul oscuro al violoncelo, y el azul más oscuro a los tonos del contrabajo. Este sonido del azul se puede equiparar a una forma solemne y profunda, por ejemplo, como las notas de un órgano. El amarillo se vuelve agudo con facilidad y tiende a elevarse fácilmente también. El verde absoluto es el color más tranquilo que existe, no tiene ningún matiz (tristeza o alegría), no pide nada, no llama a nadie… con lo cual, Kandinsky lo equipara a los tonos tranquilos, alargados y semiprofundos del violín.

Por su parte, el blanco actúa sobre nuestra alma como un gran silencio absoluto. Suena como un “no sonido” equiparable a las pausas musicales. Es la nada anterior al comienzo, como la era glaciar de la Tierra. Mientras que el negro suena interiormente como la nada muerta después de apagarse el sol. Como un silencio eterno sin futuro ni esperanza. Musicalmente es una pausa completa y definitiva, es el color más insonoro. Y también tenemos el gris, que es la inmovilidad desconsolada, cuanto más oscuro más predomina la desesperanza, el rojo, que es vivo, vital e inquieto, que aporta una nota fuerte de gran potencia y tenacidad, como la de las trompetas y tubas, el marrón, un color chato y duro, capaz de poco movimiento, o el naranja, que se convierte en irradiación y desparrama el entorno, despierta sensación de salud, y cuyo sonido puede ser semejante al de la campana al ángelus. Y por último, el violeta, que surge al alejarse del rojo gracias al azul. Es un rojo enfriado, por eso tiene algo de enfermizo, apagado y triste, al estilo de la gaita.

Kandinsky defendía, en su época, un acercamiento cada vez más a la composición consciente y racional. El pintor quería declarar sus obras como “composicionales”, cuyo espíritu pictórico estuviera en relación orgánica directa con la ya iniciada construcción del nuevo reino espiritual, ya que este espíritu es el alma de la época de la gran espiritualidad. Con “Lo Espiritual En El Arte“, escrito apoyándose en la problemática de su tiempo, el pintor se propuso (juntamente con Der Blaue Reiter) despertar la capacidad de captar lo espiritual en las cosas materiales y abstractas, que hacen posibles innumerables experiencias. Un libro revolucionario, dónde sus ideas acompañan a sus cuadros y fomentan su discusión, cuya meta principal es beneficiar las capacidades bienhechoras de los hombres.

Espero que a partir de ahora, observéis la obra de Kandinsky, o de cualquier otro pintor abstracto, con otros ojos, ya que vale la pena pararse a pensar en el porqué de estas obras, más allá de caer en la estúpida afirmación del “sólo son garabatos, eso también lo hago yo”. Quizás podemos llegar a copiar de manera fácil esos cuadros, no digo que no, pero lo que hace grandes a estos autores es que fueron precursores. Fueron más allá, investigaron, crearon de la nada, arriesgaron, cavilaron… Gracias a ellos, podemos aprender cosas tan interesantes como, por ejemplo, el parentesco que puede llegar a haber entre la música y la pintura, en este caso, desde el punto de vista de Kandinsky.

Ivan Allué

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