“Johnny Cogió Su Fusil”

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“Los animales luchan entre sí, pero no hacen la guerra. El ser humano es el único primate que se dedica a matar a sus congéneres de forma sistemática, a gran escala y con entusiasmo. Una de sus principales invenciones es la guerra; la capacidad de concluir la paz probablemente sea una conquista posterior. Las más remotas tradiciones de la humanidad, sus mitos y leyendas de héroes, suelen girar en torno a homicidios y asesinatos. Pero la simplicidad del armamento no fue el único motivo que condujo a combatir cuerpo a cuerpo; también desde un punto de vista psíquico resulta más satisfactorio descargar el odio contra el vecino más próximo”. (Enzensberger, Hans Magnus, Perspectivas de Guerra Civil”, Barcelona, Anagrama, 1994, Pág. 9)

Siempre tuve curiosidad por saber a qué película pertenecían las secuencias que ilustraban el primer videoclip de Metallica. Aquella canción me ponía la carne de gallina, desde el sonido introductorio de las metralletas y las bombas, pasando por la dulce melodía del estribillo, hasta desembocar en el apoteósico final a ritmo del doble bombo, guitarras enfurecidas y una voz desgarrada narrando el sufrimiento de aquel mutilado ser postrado en una camilla. Gracias a ese tema llamado “One”, perteneciente al disco “…And Justice For All” (1988), del cuarteto de San Francisco, descubrí una gran película americana titulada “Johnny Cogió Su Fusil” (1971, Dalton Trumbo).

El largometraje pertenece a la década de los setenta, y el guión y la dirección van a cargo de Dalton Trumbo, quién ya publicara la novela dos días antes de iniciarse la Segunda Guerra Mundial. Jerry Fielding compuso la banda sonora y Jules Brennen se encargó de la fotografía. Entre lo más destacado del reparto encontramos a Timothy Bottoms en el papel de Johnny, Donald Sutherland como Cristo, Jason Robards como padre de Johnny, o Kathy Fiels, que interpreta a Karen.

El argumento es durísimo. Trata con crudeza el tema de la eutanasia y es un claro relato antibelicista. Además, el director utiliza únicamente el color para dar vida a los pensamientos y delirios del soldado, que aparecen en forma de flash back durante todo el film. Por su parte, es el blanco y negro el encargado de aportar el dramatismo; sirve para representar el dolor y la tristeza de las escenas en que el joven soldado yace hospitalizado. Ese chico es Johnny, un joven veinteañero que parte orgulloso hacia el campo de batalla, que se muestra ilusionado de servir a su bandera. Desgraciadamente, en pleno combate, caerá terriblemente malherido al estallarle una bomba enemiga. Una vez en el hospital, se da cuenta de que ha sido mutilado, de que ha perdido todos los sentidos, con lo cual, quiere que le saquen de allí, que le lleven por los caminos y que le exhiban como si fuera una atracción de feria. Quiere ser un ejemplo para la sociedad y concienciarla de las terribles consecuencias que conlleva la guerra. Como sus deseos serán denegados, Johnny no querrá otra cosa que la muerte.

Al estallar la Primera Guerra Mundial, el cine había dejado de ser una atracción de feria. Dejó el espectáculo de variedades para convertirse en un eficaz medio que reflejase la realidad, no sólo la realidad más inmediata, sino cualquier realidad que se pudiera representar. Por culpa de la gran depresión económica norteamericana de finales de los veinte, los géneros con más relación al pasado (los de ambientación) quedaron en segundo plano, después de haber sido muy populares durante la etapa muda. La industria cinematográfica, no podía afrontar los gastos que suponían las ropas, decorados, especialistas, efectos especiales… Por lo que Hollywood prefirió dejar pasar el tiempo para que se calmaran las aguas y así volver a herir las sensibilidades con películas que hicieran referencia a la Guerra del Vietnam. Algunas películas de finales de los sesenta reflejaban de forma directa o indirecta el tema de Vietnam, desde “El Graduado” (1967, Mike Nichols) a “Easy Rider” (1968, Dennis Hooper). Y es que el Vietnam levantó viejos fantasmas del pasado; todas las guerras se encarnaron en ese conflicto. Ya en la década de los setenta, la sociedad norteamericana se encontraba en crisis y estaba fuertemente convulsionada por las noticias e imágenes procedentes del Vietnam. El sufrimiento de aquella gente se convirtió en un sufrimiento colectivo. Puede que influyera el hecho de verlo en directo, pero la realidad es que provocó una mala conciencia y una mayor impotencia en el ciudadano de a pie.

Johnny Cogió Su Fusil” marcó tendencia. Fue en la segunda mitad de los setenta cuando la industria cinematográfica norteamericana comenzó a realizar películas que reflejaban el dolor de la guerra de forma explícita, responsabilizándola como generadora de ciertos comportamientos sociales, véase el peliculón de género por antonomasia “Apocalypse Now” (1979, F.F.Coppola). El film de Trumbo se enmarca dentro del género melodramático, gracias al cual la guerra se individualiza, se vuelve más concreta. El melodrama ayuda a entender mejor cuál es el auténtico coste de una guerra, nos ayuda a sensibilizar el alma y a empatizar con las vivencias de los protagonistas gracias al argumento. Eso también hace que los soldados se humanicen, se transformen en personajes a los cuales podemos entender, porque comparten pasiones comunes con nosotros. Los melodramas bélicos proporcionan al ser humano diferentes caminos a tomar, aumentando así las posibilidades del cine de guerra, que está muy ceñido a los típicos patrones del género. Con ellos se cambia el rostro de la guerra, demuestran que hay otros valores en juego además de la victoria, la derrota o de la muerte. Nos ayudan a entender que el amor, la amistad, la comprensión o el respeto corren un grave peligro.

Johnny Cogió Su Fusil” cumple con creces esas características, expone un conflicto humano dentro de un conflicto militar. Este conflicto humano está relacionado con las terribles consecuencias que la guerra puede tener sobre las personas si éstas pierden sus atributos más fácilmente reconocibles. El mensaje del film defiende el derecho a morir de las personas y es claramente antibelicista. Los casos de eutanasia tienen una carga dramática considerable; garantizan un impacto emocional en el espectador y su inmediato compromiso con aquello que se está mostrando. Puede ser perfectamente utilizado en nuestros días, ya que, lamentablemente, siempre hay una guerra a la orden del día y un debate sobre si debemos legalizar o no la eutanasia. “Johnny Cogió Su Fusil”, que dicho sea de paso no obtuvo Óscar alguno, nos hace reflexionar sobre las devastadoras consecuencias de los conflictos armados, sobre los derechos de las personas en general y el de los enfermos en particular. Pertenece al llamado “Cine de la Eutanasia”; aquél que sirve para plantear problemas morales, políticos y jurídicos, que giran en torno a algo que tendría que ser un derecho fundamental en nuestra sociedad. Sin duda, una muy recomendable película.

Ivan Allué

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